En este siglo XXI la mayor parte de las
organizaciones en todo el mundo, tanto las instituciones como los
sectores de la sociedad, están experimentando una
transformación sustancial. Se dice, y con sobrada
razón, que las corporaciones están viviendo un
proceso de reestructuración, en un esfuerzo para llegar a
ser más competitivas globalmente.
Como empresarios, estamos obligados a poner atención en la
esencia de esa reestructura. Es parte del cambio, claro
está, pero debemos comprender que ese cambio no es algo
nuevo. Lo novedoso es el ritmo en que avanza, la velocidad con que
se mueve.
En una perspectiva mundial, algunos síntomas evidentes del
cambio son la globalización abierta de los mercados, la
formación de los bloques económicos en diversos
continentes, los tratados comerciales internacionales, el
desarrollo de los “siete tigres” o economías
asiáticas, la fusión europea,
etcétera.
En el panorama nacional, los cambios
más importantes están dándose en la apertura
comercial de nuestras fronteras, en la firma de acuerdos como el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y
similares, en la transición de una economía cerrada y
proteccionista a otra de interrelación comercial con el
mundo, etcétera.
Estos fenómenos hablan de una tendencia claramente enfocada
en el desarrollo comercial de todo el mundo. Y aunque en
Latinoamérica la apertura todavía no alcanza el nivel
que para nosotros sería deseable, lo cierto es que existe ya
la voluntad de trabajar en aspectos tan importantes como la
desregulación y la facilitación de trámites,
por citar un ejemplo.
Los cambios son obvios en el salto de la economía
proteccionista a la apertura. Pero lo más importante, lo que
no debemos perder de vista, es el ritmo con que se dan.
Goethe ha dicho que cada hombre sólo tiene suficiente fuerza
para completar aquellas tareas de cuya importancia está
plenamente convencido. En otras palabras: si no estamos
verdaderamente convencidos de la importancia de lo que hacemos, si
no somos capaces de entender el cambio como una constante, entonces
no será posible para nosotros llevarlo a cabo. Aquí
podemos culminar el presente artículo con la frase
célebre de John D. Wright: “Una empresa es como una
bicicleta: o te mueves, o te caes.”