Hace un par de meses, en una reunión con
empresarios, uno comentó: “Yo no entiendo qué
quieren los que persiguen el dinero o las riquezas, cuando
están solos en la vida o no tienen tiempo para pasarlo y
viajar con los hijos o la familia”. A lo que otro
respondió: “Oye, no generalices. Para mí, mi
vida es mi negocio, es mi éxito y lo que me llena de
plenitud. Y eso no quiere decir que no tenga una familia a la que
amo, ni que mi vida esté
desequilibrada”.
Utilizo este ejemplo sólo para decir que
dos personas pueden mantener profundas diferencias en su
concepción de la vida y los negocios, y aun así tener
ambas razón.
Y todavía más. Un tercer empresario dijo: “Yo
creo que si todo lo dedicas a tus hijos y a la familia,
¿entonces cuándo te dedicas tiempo a ti? A mí
me encanta darme todos los lujos que pueda, y vivir bastante bien.
Me fascina hacer lo que hago: trabajar, y mi éxito es ver mi
negocio crecer para poderle dar más a mi
familia”.
Debemos ser muy respetuosos y saber equilibrar las
cosas, lo que no podemos hacer es exigir a los demás o
imponerles que piensen lo mismo que
nosotros.
Es por esto que considero de vital importancia
definir claramente las expectativas antes de involucrarnos en el
negocio. Los franquiciantes no pueden aceptar a un franquiciatario
simplemente porque tiene la capacidad de extender un cheque: deben
estar seguros de que su perfil es el correcto, y además
compagina perfectamente con los intereses y la proyección
que queremos dar al negocio.
El paso siguiente es bastante lógico. Una
vez definido y acordado el éxito, llega el momento de pensar
en lo que estamos dispuestos a dar y recibir.
Pues una cosa es lo que originalmente ofrecemos, y otra muy
distinta lo resultados reales entregados. Y lo mismo sucede en
cuanto a recibir: no es lo mismo lo deseado desde un principio ,
que lo conseguido al final del acuerdo.
Como ya hemos dicho, una buena relación es
aquella que beneficia a ambas partes. Y al igual que en la vida,
debemos intentar que sea exitosa desde el principio, asumiendo los
riesgos e igualando las expectativas de éxito, tanto el
plano personal como económico.
Siempre debe haber equilibrio. Si la balanza se
carga más hacia el lado personal, el negocio se
debilitará naturalmente por falta de atención. No es
una institución de beneficencia. Si, por el contrario, las
cosas se inclinan sólo hacia el lado financiero, el negocio
también declinará, porque estamos trabajando con
seres humanos, de los cuales dependemos. Termino mi
participación con una frase del historiador español
Francisco de Quevedo y Villegas que dice: “aquel hombre que
pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la
honra”.