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Dulce (mi preferida)
La primera década del nuevo milenio se fue
como agua. Empezamos con el Y2K
panic; ahora somos orgánicos y sustentables, además
de que las redes sociales,
sea la que sea Hi5 (si eres de Brasil), Facebook (para compartir en
serio), My
space (porque eres “indie”), Sónico (la verdad
es que no tienes amigos), Twitter
(la nueva recomendación del invisible trendsetter), entre
muchas otras han
tomado un papel importante en la vida de la mayoría de los
usuarios de Internet.
Diez años después, cero panic.
Durante el fin de año de 1999, mientras estaba en el
zócalo con uno de mis
mejores amigos y su familia, no me detuve a pensar lo que me
esperaba para la
siguiente década. De cualquier manera, nunca lo hubiera
sabido, por eso no me
gusta responder a esa pregunta: “¿Cómo te ves
en diez años?” o en cinco o en
quince o veinte. Para hacer la larga historia corta, en el 2000 no
existía el lugar
en el que ahora trabajo.
Si te detuviste a pensarlo, ¿estás hoy dónde
te lo propusiste hace diez años? Yo
no. Tal vez porque diez años pasan rápido, pero
sí es mucho tiempo (como un
tercio de mi vida, por ejemplo), tal vez porque el mundo
cambió de una forma
inesperada, tal vez porque NO ME DETUVE A PENSARLO…
Nosotros (en mi trabajo) hacemos una variante de esa pregunta a la
mayoría de
nuestros clientes desde que empezamos a tener contacto con ellos.
Es algo más
o menos parecido a lo siguiente:
“¿De qué se trata tu empresa? […]
Considerando tus posibilidades, ¿cuántas unidades
crees que puedan
establecer para el corto, mediano y largo plazo? Por favor,
especifica los
tiempos para cada etapa.
Luego lo volvemos a preguntar dos, tres, cuatro o más veces,
dependiendo del
cliente y su capacidad de mantener los pies en la tierra a pesar de
que su
empresa sea la mejor del mundo, o sea un negocio pequeño que
en verdad es
exitoso y requieran clonarlo.
Unos responden que quieren empezar con “diez unidades el
primer año y 20 a
partir del segundo”; otros dicen que les gustaría
abrir “tres unidades en cuatro
años”…
Como dije, DE-PEN-DE. A fin de cuentas, eso no importa, nunca se
tiene la
certeza de que la respuesta dada será la correcta. No lo
saben ellos, no lo
sabemos nosotros. Hacemos todo lo posible para acercarnos a los
objetivos
planteados, pero nunca tenemos la certeza de ¿qué va
a pasar? Por eso no me
convencen sus respuestas, porque pueden cambiar dependiendo del
mercado
en que se desarrollen, el ímpetu que le impriman y las ganas
por hacer bien las
cosas. Responderlas es echar un volado con una moneda cuyas caras
sólo
podemos imaginar.
Sin embargo, el sólo planteamiento de la pregunta cambia
todo: los números
del Franquiciante y del inversionista (potencial), el
posicionamiento de la marca
y la penetración/aceptación de la empresa entre el
público meta; todo esto les
invita a crear especulaciones y por ende, expectativas.
A veces pienso que sería mejor no hacer esta pregunta y
dejar que las cosas
fluyan por sí solas, pero no es posible, necesitamos esa
información para crecer,
para elaborar los primeros planteamientos financieros del
desarrollo, para
estimar si es necesario cambiar la estructura del Corporativo o si
puede
funcionar como se tiene hasta el momento. El futuro incierto ahora
cuenta con
una posibilidad. Entonces sí importa y mucho.
Para crecer hay que tener la cabeza fría en ciertos
momentos, dejar ir las cosas
que se tienen que ir, cambiar lo que se tenga que cambiar y
desarrollar lo que
haga falta. Es necesario hacerlo de una manera calculadora, pero
sin dejar a un
lado los principios, recuerden que no hay empresa sin
filosofía.
Ninguna de estas cosas garantiza la veracidad de la respuesta, pero
ayudan a
aproximarla más a la realidad. Siempre es útil dejar
un espacio para las nuevas
posibilidades, no hay que ser tajantes ni completamente precisos en
nuestros
pronósticos pues entre más se alejen del presente,
mayores probabilidades
tendrán de ser erróneos.
En este caso lo mejor es aplicar cierto nivel de ambigüedad.
Nadie sabe
cuántas unidades va a tener y tampoco si el giro del negocio
va a permanecer
exactamente como ha sido hasta el momento. Pueden surgir nuevas
vetas de
negocio que ahora no se tienen contempladas, nuevos productos,
nuevos
servicios, nuevas maneras de aplicar esa filosofía...
Finalmente, más vale poner atención a los cambios del
mercado, de los usos y
del comportamiento de la gente en general porque el mundo se mueve
y
cambia todo el tiempo, no pasa un segundo en que las cosas sean
iguales al
anterior.
Es por ello que he pensado planear lo que viene y es por eso que
quise
adelantarme a desearles Feliz año
2020!! |